Hablar de Anna Calvi es hablar de movimiento querer; ese que no diferencia entre sexo ni género. Espíritu y alma confinados en un envoltorio físico capaz de sentir, padecer y amar.
En ‘Hunter’, tercer trabajo de la británica, esta filosofía alcanza su cénit con temas que transitan entre lo melodioso del pop y lo inquietante del rock, con letras compuestas para arrancar sentimientos encontrados y, sobre todo, en torno a un amor puro, casi religioso, hacía algo o alguien demasiado inasible e invisible y a la vez cercano y palpable. El oyente se enamora al mismo tiempo que lo hace Calvi, transmitiendo esos retortijones estomacales propios de la adolescencia a través de riffs lánguidos y gemidos de introspección. Un disco intelectual, pero a la vez relajante y armonioso que no deja de marcar una pequeña huella de duda en el receptor. Una vez Calvi ha descansado, se nos permite sentarnos con ella en el sofá. Con una voz suave, tremendamente bajita, y una energía contenida que casi es capaz de ponernos la piel de gallina.


AHORA SUENA
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